NAM MYHOJO RENGE KYO
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viernes, 25 de agosto de 2017
Soka Gakkai Internacional Traducido: ORACIÓN, por Daisaku Ikeda
Soka Gakkai Internacional Traducido: ORACIÓN, por Daisaku Ikeda: Frases de Daisaku Ikeda publicadas en http://www.ikedaquotes.org/prayer La oración es el coraje de perseverar. Es la lucha por superar...
sábado, 5 de julio de 2014
miércoles, 16 de noviembre de 2011
domingo, 30 de octubre de 2011
LOS DIEZ ESTADOS DE LA VIDA
INFIERNO 1
En primer lugar, está el estado de infierno. Proviene del término sánscrito naraka, que literalmente significa "prisión subterránea". En japonés contemporáneo existe una expresión, naraku, que significa "caer en el abismo" y reconoce este mismo origen. El equivalente japonés que denota el estado de infierno está formado por dos ideogramas, que significan "tierra" y "prisión". La tierra alude al lugar más bajo;
la prisión, a un estado de inmovilidad con grilletes.
El infierno es el estado de mayor sufrimiento, en que el individuo se siente atado de pies y manos a su angustia y dolor. Aunque tiene diversos grados, en líneas generales se caracteriza porque el hecho de vivir es doloroso de por sí. Todo lo que uno ve acentúa su desdicha. Las personas en este estado tienen una fuerza vital extremadamente débil.
Nichiren Daishonin escribió: "La furia es el estado de infierno".1 La furia y la violencia se convierten en fuentes de autodestrucción. Aquellas personas que sufren debido a la discordia familiar, a la enfermedad o a los celos devoradores; como los que viven con el corazón agitado por la violencia ante cada cosa que motive su sufrimiento no pueden reconocer que la causa real de su angustia yace en su propia vida. Algunas personas dirigen esta furia contra sí mismas, ante su incapacidad de resolver ese sufrimiento que las consume. Podríamos decir que esta violencia impotente es el gemido desesperado de una vida que ha cerrado todas las rutas posibles.
HAMBRE 2
El hambre es un estado gobernado por el apetito insaciable de comida, dinero, placer, poder, reconocimiento y fama. La vida, en esta condición, nunca se siente satisfecha de verdad. Nichiren explicó que el estado de hambre se caracteriza por la codicia. Los que viven en él son esclavos de sus deseos; esto les impide sentir libertad interior y les produce sufrimiento.
Los deseos del ser humano son ilimitados. Existe el deseo fundamental de vivir, el deseo instintivo de comer, el afán materialista de tener posesiones, el ansia psicológica de llamar la atención... No podríamos vivir sin deseos. En muchos casos, ellos son la energía que nos permite avanzar en pos de la autosuperación. Por eso se dice que "este camino está conectado con otros y conduce tanto al bien como al mal".2 Por lo tanto, la cuestión es cómo usamos los de<;eos. Los que viven en estado de hambre no los emplean para crear valor; tiranizados de aquí y de allá I lar sus ansias, sufren y hacen daño a los demás.
ANIMALIDAD 3
En tercer lugar, está el estado de animalidad, o estado de los animales, en el cual predomina el instinto. Las personas en esta condición subjetiva, gobernadas por la ley de la selva, temen a los poderosos y desprecian a los débiles, de los cuales se aprovechan. Carecen de razón, moral o sabiduría con las cuales controlarse a sí mismas; por tal motivo, sus circunstancias inmediatas los dominan de tal manera, que pierden de vista los principios que subyacen a todas las cosas.
Nichirenexplicó que el estado de animalidad se caracteriza por la estupidez.
Cuando los hombres no tienen un sólido parámetro para juzgar el bien y el mal, cuando carecen de una firme base ética o moral, actúan instintivamente y sin pudor. Podríamos decir que los que están en este estado, siendo humanos, han extraviado su humanidad.
Los estados de infierno, hambre y animalidad, colectivamente, son conocidos como "los tres malos caminos"
IRA 4
El nombre del cuarto estado en japonés, shura, deriva del término sánscrito asura. En la antigua India, los asuras originalmente representaban una clase de deidades benevolentes. Pero en la mitología posterior, terminaron denotando un tipo de demonios beligerantes que luchan sin tregua contra las deidades.
El estado de ira se caracteriza por la perversidad y por una inclinación aduladora y retorcida, como la del que esconde sus verdaderos sentimientos y hace alarde de una falsa lealtad. Este estado, dominado por el yo inferior, a veces se llama "mundo de la animosidad", porque se caracteriza por una agresividad persistente,· aunque no necesariamente abierta. Las personas en estado de ira, compelidas por la necesidad de ser superior a otros, fingen educación y hasta adulan a los demás, mientras que, interiormente, los desprecian.
La ira es, fundamentalmente, un estado de vida arrogante. Los hombres, en esta condición predominante, se apegan a la ilusión de que son mejores que los demás, y vuelcan toda su energía en sostener y fortalecer esta imagen. Para que otros también vean esta fachada encantadora, jamás revelan sus verdaderos sentimientos. Aunque actúan con bondad, la fuerza que los impulsa es el deseo devorador de superar a todos. Y como sus íntimos sentimientos no se condicen con su apariencia exterior, no se expresan honestamente.
Es una conducta más compleja que la de las personas en estado de infierno, hambre o animalidad. Por fuera, las personas en estado de ira se conducen como seres virtuosos y benevolentes, justos, decorosos, sabios y leales; intentan convencer a los demás de que estas son sus cualidades verdaderas. Hasta terminan creyendo en
su propia virtud y se engañan pensando que son mejores que otros a causa de su "gran humildad".
El budismo enseña que nada importa tanto como el corazón. Dos personas podrán hacer un esfuerzo semejante, pero si una tiene motivaciones puramente egoístas y la otra actúa en pos de valores que trascienden el yo -el bien, la belleza o el bienestar de sus semejantes- el resultado será muy distinto.
Los estados de infierno, hambre, animalidad e ira se llaman, colectivamente, los "cuatro malos caminos".
¿Cómo se revierte la tendencia a la ira! Este es el punto de despegue para internarnos en el quinto estado, el de humanidad o el de los seres humanos. En última instancia, cuando aprendemos a canalizar en nuestr autodisciplina esa energía que ant poníamos en dominar a los dem entramos en estado de humanidad.
HUMANIDAD 5
En el estado de humanidad, nos esforzamos por controlar nuestros deseos e impulsos mediante la razón.
Aspiramos a un estado de vida más elevado, conscientes de que no basta con haber nacido como hombres, sino que la humanidad es una adquisición relacionada con el esfuerzo en pos de actuar en armonía con el medio circundante y con el resto de las personas.
Estrictamente hablando, el estado de humanidad es el primer paso para arribar al dominio del yo, cuya cul-
mi nación se logra en los estados de bodhisattva (noveno) y de Budeidad (décimo). En sánscrito, al ser humano se lo define con el término manusya, que significa "ser pensante". En consecuencia, el intelecto es la condición clave del estado de humanidad. Sin compararse con los demás, las personas en esta condición subjetiva siguen
. .
su propio camino.
. Desde el punto de vista de la doctrina de los diez estados, el de humanidad se encuentra en el medio, apenas por encima de los cuatro
malos caminos. Nichiren nos dice, reiteradamente, que ya que hemos tenido la extraordinaria fortuna de nacer como seres humanos, debemos tratar de consolidar un estado más elevado aún.
En el budismo, al cuerpo humano se lo llama "la vasija correcta de los caminos nobles"; es el vehículo de la Ley para llevar a cabo la práctica budista. Cuando llenamos esa vasija con la gran vida de la Budeidad, comprendemos el significado real de haber nacido como seres humanos.
ÉXTASIS 6
El sexto estado es el de éxtasis, caracterizado por la intensa dicha o satisfacción que uno experimenta cuando, por ejemplo, obtiene algo material, físico o espiritual que ha deseado largamente, o cuando por fin concluye un prolongado sufrimiento.
Aunque intenso, el júbilo de este estado es fugaz y extremadamente vulnerable a las influencias externas.
La alegría del éxtasis es efímera como un sueño o un espejismo. Una vida en pos de ilusiones es, también, una ilusión. El propósito de la práctica budista es establecer un estado de felicidad eternamente indestructible; no una dicha fugaz que perezca como una flor, sino un palacio interior de satisfacción profunda que perdure a través del tiempo. Este palacio de diamantes, esta torre de tesoros que se remonta a magníficas alturas, se construye mediante la fe y la práctica.
APRENDIZAJE 7
En el séptimo estado, de aprendizaje, tomamos conciencia de la transitoriedad de las cosas y de la inestabilidad que caracteriza a los seis caminos.
Nos dedicamos a la transformación y al desarrollo personal, aprendiendo de las ideas de otras personas, y recurriendo a los conocimientos y experiencias ajenos. Suele decirse que este estado es el de los que "escuchan la voz", término que se aplicaba, originariamente, a los discípulos que escuchaban predicar al buda Shakyamuni en persona sobre las cuatro nobles verdades y que practicaban los ocho caminos para emanciparse de los deseos mundanos.
COMPRENSIÓN INTUITIVA 8
El octavo estado, de comprensión intuitiva, también es el de "los que tomaban conciencia de la causa". Es la condición típica de las personas que arriban a la comprensión de verdades budistas en forma independiente. Es un estado semejante al de aprendizaje, con la salvedad de que las personas no buscan la verdad mediante las enseñanzas de otros, sino a través de su percepción directa.
Juntos, los estados de aprendizaje y de comprensión intuitiva se denominan "dos vehículos".
Las personas que viven en estos estados, habiendo comprendido la transitoriedad de todas las cosas, logran independizarse del apego al pasado y a sus nociones prefijadas. Ya no son funciones pasivas de su entorno, sino que buscan su autosuperación.
Están dispuestas a enfrentar de lleno la realidad de la muerte y a buscar lo eterno, a diferencia de las personas en estado de éxtasis, que eluden yesquivan las facetas duras de la realidad. Pero, como aspecto negativo, las personas en los dos vehículos se inclinan más hacia el autoperfeccionamiento que hacia el altruismo.
BODHISATTVA 9
A diferencia de los dos vehículos, cuya característica es buscar el entendimiento teórico de la verdad universal, el noveno estado -de bodhisattva- se distingue por el amor compasivo y por el comportamiento abnegado y altruista.
Aunque las personas, en este estado, aspiran a lograr la iluminación suprema en beneficio de sí mismas, también están resueltas a que sus semejantes alcancen esta misma comprensión.
La palabra sánscrita bodhisattva se compone del término bodhi ('iluminación'), y de sattva ('ser');
denota a la persona que busca la iluminación pero, a la vez, conduce a otros a este gran anhelo.
Consciente de los lazos que los ligan con todo el mundo circundante, en estado de bodhisattva las personas sienten que cualquier felicidad que se limite a la esfera privada es parcial y, por ende, ilusoria. Así pues, se consagran a aliviar el sufrimiento del prójimo, aun a costa de la propia vida. Como afirmó Nichiren: "Alegría significa que se regocijan tanto uno como los demás".3 Los estados que van desde el infierno hasta el de bodhisattva se conocen como los "nueve estados"; ello alude a la condición no iluminada de las personas comunes, en oposición a los diez estados, que incluyen la Budeidad.
BUDEIDAD 10
El décimo estado, el de Budeidad, es de infinita benevolencia y amor compasivo, de una total e incorruptible pureza, y de absoluta libertad; en él, poseemos la sabiduría para reconocer la realidad última de nuestra vida.
Logramos este estado. manifestando nuestra naturaleza de Buda inherente. Y, de acuerdo con las enseñanzas budistas, sólo cuando establecemos la Budeidad como base de nuestro ser podemos transformar completamente nuestra existencia y dirigir todas las actividades físicas y mentales de los nueve estados hacia metas altruistas y valiosas para la propia vida y la de los demás.
No obstante, la Budeidad, no es un estado separado de los sufrimientos e imperfecciones de la gente común. Manifestar la Budeidad no significa convertirnos en personas especiales. Seguimos esforzándonos por derrotar las funciones negativas de la vida y por transformar todas las dificultades en causas de mayor desarrollo. La Budeidad es un estado de completo acceso a la sabiduría ilimitada, el amor compasivo, el coraje y otras cualidades intrínsecas de la vida; es una condición en que creamos armonía con los demás y junto a los demás, y en que también armonizamos con el mundo natural. Nichiren Daishonin explicó que la Budeidad era el estado de vida más difícil de constatar, pero también escribió: "Que las personas comunes nacidas en la última era puedan creer en el Sutra del loto se debe a que, en el mundo humano, existe el estado de la Budeidad" 4 Para dar una analogía, si comparamos la vida en los nueve estados con estar encerrados en una habitación, entonces vivir en estado de Budeidad sería como solazarnos al aire libre, en un diáfano día de sol. En los nueve estados, seguimos siendo
parte del gran macrocosmos que es el estado de Budeidad. Aunque, en forma difusa, percibimos este aspecto eterno de nuestra vida, como estamos cerrados por dentro, rodeados por los gruesos muros de la ilusión, no podemos captar completamente nuestro verdadero entorno.
Cuando, mediante la fe, derribamos estas murallas, podemos disfrutar libremente del aire puro y de la luz brillante de la Ley Mística que impregna el universo. Entonces, no hay diferencia entre estar en la habitación o estar afuera.
Hay algo profundo y místico sobre la función de nuestro estado de vida. La forma en que percibimos nuestra vida -nuestras impresiones del mundo circundante, tanto espacial como temporalmente- difieren según el estado de vida en que nos encontremos. Nos demos cuenta o no, ese estado determina en gran medida nuestras acciones, pensamientos, relaciones y caminos en la vida, así como nuestras emociones.
Por otro lado, el estado de vida no sólo es una propiedad del individuo, sino que las sociedades también lo poseen.
El budismo trasciende la raza, la etnia, el nivel académico o la posición social. Su mirada se orienta directamente al estado en que viven los seres humanos y en que se encuentra su corazón o ser interior. No son el poder ni la influencia lo que vuelven grande a un ser humano. La vida de muchos individuos poderosos está socavada por los estados de hambre y de animalidad. Por otro lado, hay personas anónimas y corrientes que viven en los felices estados de bodhisattva y de Budeidad.
Algo esencial en la doctrina de los diez estados es la inclinación compasiva y altruista de ayudar a las personas a cultivar su Budeidad intrínseca.
En primer lugar, está el estado de infierno. Proviene del término sánscrito naraka, que literalmente significa "prisión subterránea". En japonés contemporáneo existe una expresión, naraku, que significa "caer en el abismo" y reconoce este mismo origen. El equivalente japonés que denota el estado de infierno está formado por dos ideogramas, que significan "tierra" y "prisión". La tierra alude al lugar más bajo;
la prisión, a un estado de inmovilidad con grilletes.
El infierno es el estado de mayor sufrimiento, en que el individuo se siente atado de pies y manos a su angustia y dolor. Aunque tiene diversos grados, en líneas generales se caracteriza porque el hecho de vivir es doloroso de por sí. Todo lo que uno ve acentúa su desdicha. Las personas en este estado tienen una fuerza vital extremadamente débil.
Nichiren Daishonin escribió: "La furia es el estado de infierno".1 La furia y la violencia se convierten en fuentes de autodestrucción. Aquellas personas que sufren debido a la discordia familiar, a la enfermedad o a los celos devoradores; como los que viven con el corazón agitado por la violencia ante cada cosa que motive su sufrimiento no pueden reconocer que la causa real de su angustia yace en su propia vida. Algunas personas dirigen esta furia contra sí mismas, ante su incapacidad de resolver ese sufrimiento que las consume. Podríamos decir que esta violencia impotente es el gemido desesperado de una vida que ha cerrado todas las rutas posibles.
HAMBRE 2
El hambre es un estado gobernado por el apetito insaciable de comida, dinero, placer, poder, reconocimiento y fama. La vida, en esta condición, nunca se siente satisfecha de verdad. Nichiren explicó que el estado de hambre se caracteriza por la codicia. Los que viven en él son esclavos de sus deseos; esto les impide sentir libertad interior y les produce sufrimiento.
Los deseos del ser humano son ilimitados. Existe el deseo fundamental de vivir, el deseo instintivo de comer, el afán materialista de tener posesiones, el ansia psicológica de llamar la atención... No podríamos vivir sin deseos. En muchos casos, ellos son la energía que nos permite avanzar en pos de la autosuperación. Por eso se dice que "este camino está conectado con otros y conduce tanto al bien como al mal".2 Por lo tanto, la cuestión es cómo usamos los de<;eos. Los que viven en estado de hambre no los emplean para crear valor; tiranizados de aquí y de allá I lar sus ansias, sufren y hacen daño a los demás.
ANIMALIDAD 3
En tercer lugar, está el estado de animalidad, o estado de los animales, en el cual predomina el instinto. Las personas en esta condición subjetiva, gobernadas por la ley de la selva, temen a los poderosos y desprecian a los débiles, de los cuales se aprovechan. Carecen de razón, moral o sabiduría con las cuales controlarse a sí mismas; por tal motivo, sus circunstancias inmediatas los dominan de tal manera, que pierden de vista los principios que subyacen a todas las cosas.
Nichirenexplicó que el estado de animalidad se caracteriza por la estupidez.
Cuando los hombres no tienen un sólido parámetro para juzgar el bien y el mal, cuando carecen de una firme base ética o moral, actúan instintivamente y sin pudor. Podríamos decir que los que están en este estado, siendo humanos, han extraviado su humanidad.
Los estados de infierno, hambre y animalidad, colectivamente, son conocidos como "los tres malos caminos"
IRA 4
El nombre del cuarto estado en japonés, shura, deriva del término sánscrito asura. En la antigua India, los asuras originalmente representaban una clase de deidades benevolentes. Pero en la mitología posterior, terminaron denotando un tipo de demonios beligerantes que luchan sin tregua contra las deidades.
El estado de ira se caracteriza por la perversidad y por una inclinación aduladora y retorcida, como la del que esconde sus verdaderos sentimientos y hace alarde de una falsa lealtad. Este estado, dominado por el yo inferior, a veces se llama "mundo de la animosidad", porque se caracteriza por una agresividad persistente,· aunque no necesariamente abierta. Las personas en estado de ira, compelidas por la necesidad de ser superior a otros, fingen educación y hasta adulan a los demás, mientras que, interiormente, los desprecian.
La ira es, fundamentalmente, un estado de vida arrogante. Los hombres, en esta condición predominante, se apegan a la ilusión de que son mejores que los demás, y vuelcan toda su energía en sostener y fortalecer esta imagen. Para que otros también vean esta fachada encantadora, jamás revelan sus verdaderos sentimientos. Aunque actúan con bondad, la fuerza que los impulsa es el deseo devorador de superar a todos. Y como sus íntimos sentimientos no se condicen con su apariencia exterior, no se expresan honestamente.
Es una conducta más compleja que la de las personas en estado de infierno, hambre o animalidad. Por fuera, las personas en estado de ira se conducen como seres virtuosos y benevolentes, justos, decorosos, sabios y leales; intentan convencer a los demás de que estas son sus cualidades verdaderas. Hasta terminan creyendo en
su propia virtud y se engañan pensando que son mejores que otros a causa de su "gran humildad".
El budismo enseña que nada importa tanto como el corazón. Dos personas podrán hacer un esfuerzo semejante, pero si una tiene motivaciones puramente egoístas y la otra actúa en pos de valores que trascienden el yo -el bien, la belleza o el bienestar de sus semejantes- el resultado será muy distinto.
Los estados de infierno, hambre, animalidad e ira se llaman, colectivamente, los "cuatro malos caminos".
¿Cómo se revierte la tendencia a la ira! Este es el punto de despegue para internarnos en el quinto estado, el de humanidad o el de los seres humanos. En última instancia, cuando aprendemos a canalizar en nuestr autodisciplina esa energía que ant poníamos en dominar a los dem entramos en estado de humanidad.
HUMANIDAD 5
En el estado de humanidad, nos esforzamos por controlar nuestros deseos e impulsos mediante la razón.
Aspiramos a un estado de vida más elevado, conscientes de que no basta con haber nacido como hombres, sino que la humanidad es una adquisición relacionada con el esfuerzo en pos de actuar en armonía con el medio circundante y con el resto de las personas.
Estrictamente hablando, el estado de humanidad es el primer paso para arribar al dominio del yo, cuya cul-
mi nación se logra en los estados de bodhisattva (noveno) y de Budeidad (décimo). En sánscrito, al ser humano se lo define con el término manusya, que significa "ser pensante". En consecuencia, el intelecto es la condición clave del estado de humanidad. Sin compararse con los demás, las personas en esta condición subjetiva siguen
. .
su propio camino.
. Desde el punto de vista de la doctrina de los diez estados, el de humanidad se encuentra en el medio, apenas por encima de los cuatro
malos caminos. Nichiren nos dice, reiteradamente, que ya que hemos tenido la extraordinaria fortuna de nacer como seres humanos, debemos tratar de consolidar un estado más elevado aún.
En el budismo, al cuerpo humano se lo llama "la vasija correcta de los caminos nobles"; es el vehículo de la Ley para llevar a cabo la práctica budista. Cuando llenamos esa vasija con la gran vida de la Budeidad, comprendemos el significado real de haber nacido como seres humanos.
ÉXTASIS 6
El sexto estado es el de éxtasis, caracterizado por la intensa dicha o satisfacción que uno experimenta cuando, por ejemplo, obtiene algo material, físico o espiritual que ha deseado largamente, o cuando por fin concluye un prolongado sufrimiento.
Aunque intenso, el júbilo de este estado es fugaz y extremadamente vulnerable a las influencias externas.
La alegría del éxtasis es efímera como un sueño o un espejismo. Una vida en pos de ilusiones es, también, una ilusión. El propósito de la práctica budista es establecer un estado de felicidad eternamente indestructible; no una dicha fugaz que perezca como una flor, sino un palacio interior de satisfacción profunda que perdure a través del tiempo. Este palacio de diamantes, esta torre de tesoros que se remonta a magníficas alturas, se construye mediante la fe y la práctica.
APRENDIZAJE 7
En el séptimo estado, de aprendizaje, tomamos conciencia de la transitoriedad de las cosas y de la inestabilidad que caracteriza a los seis caminos.
Nos dedicamos a la transformación y al desarrollo personal, aprendiendo de las ideas de otras personas, y recurriendo a los conocimientos y experiencias ajenos. Suele decirse que este estado es el de los que "escuchan la voz", término que se aplicaba, originariamente, a los discípulos que escuchaban predicar al buda Shakyamuni en persona sobre las cuatro nobles verdades y que practicaban los ocho caminos para emanciparse de los deseos mundanos.
COMPRENSIÓN INTUITIVA 8
El octavo estado, de comprensión intuitiva, también es el de "los que tomaban conciencia de la causa". Es la condición típica de las personas que arriban a la comprensión de verdades budistas en forma independiente. Es un estado semejante al de aprendizaje, con la salvedad de que las personas no buscan la verdad mediante las enseñanzas de otros, sino a través de su percepción directa.
Juntos, los estados de aprendizaje y de comprensión intuitiva se denominan "dos vehículos".
Las personas que viven en estos estados, habiendo comprendido la transitoriedad de todas las cosas, logran independizarse del apego al pasado y a sus nociones prefijadas. Ya no son funciones pasivas de su entorno, sino que buscan su autosuperación.
Están dispuestas a enfrentar de lleno la realidad de la muerte y a buscar lo eterno, a diferencia de las personas en estado de éxtasis, que eluden yesquivan las facetas duras de la realidad. Pero, como aspecto negativo, las personas en los dos vehículos se inclinan más hacia el autoperfeccionamiento que hacia el altruismo.
BODHISATTVA 9
A diferencia de los dos vehículos, cuya característica es buscar el entendimiento teórico de la verdad universal, el noveno estado -de bodhisattva- se distingue por el amor compasivo y por el comportamiento abnegado y altruista.
Aunque las personas, en este estado, aspiran a lograr la iluminación suprema en beneficio de sí mismas, también están resueltas a que sus semejantes alcancen esta misma comprensión.
La palabra sánscrita bodhisattva se compone del término bodhi ('iluminación'), y de sattva ('ser');
denota a la persona que busca la iluminación pero, a la vez, conduce a otros a este gran anhelo.
Consciente de los lazos que los ligan con todo el mundo circundante, en estado de bodhisattva las personas sienten que cualquier felicidad que se limite a la esfera privada es parcial y, por ende, ilusoria. Así pues, se consagran a aliviar el sufrimiento del prójimo, aun a costa de la propia vida. Como afirmó Nichiren: "Alegría significa que se regocijan tanto uno como los demás".3 Los estados que van desde el infierno hasta el de bodhisattva se conocen como los "nueve estados"; ello alude a la condición no iluminada de las personas comunes, en oposición a los diez estados, que incluyen la Budeidad.
BUDEIDAD 10
El décimo estado, el de Budeidad, es de infinita benevolencia y amor compasivo, de una total e incorruptible pureza, y de absoluta libertad; en él, poseemos la sabiduría para reconocer la realidad última de nuestra vida.
Logramos este estado. manifestando nuestra naturaleza de Buda inherente. Y, de acuerdo con las enseñanzas budistas, sólo cuando establecemos la Budeidad como base de nuestro ser podemos transformar completamente nuestra existencia y dirigir todas las actividades físicas y mentales de los nueve estados hacia metas altruistas y valiosas para la propia vida y la de los demás.
No obstante, la Budeidad, no es un estado separado de los sufrimientos e imperfecciones de la gente común. Manifestar la Budeidad no significa convertirnos en personas especiales. Seguimos esforzándonos por derrotar las funciones negativas de la vida y por transformar todas las dificultades en causas de mayor desarrollo. La Budeidad es un estado de completo acceso a la sabiduría ilimitada, el amor compasivo, el coraje y otras cualidades intrínsecas de la vida; es una condición en que creamos armonía con los demás y junto a los demás, y en que también armonizamos con el mundo natural. Nichiren Daishonin explicó que la Budeidad era el estado de vida más difícil de constatar, pero también escribió: "Que las personas comunes nacidas en la última era puedan creer en el Sutra del loto se debe a que, en el mundo humano, existe el estado de la Budeidad" 4 Para dar una analogía, si comparamos la vida en los nueve estados con estar encerrados en una habitación, entonces vivir en estado de Budeidad sería como solazarnos al aire libre, en un diáfano día de sol. En los nueve estados, seguimos siendo
parte del gran macrocosmos que es el estado de Budeidad. Aunque, en forma difusa, percibimos este aspecto eterno de nuestra vida, como estamos cerrados por dentro, rodeados por los gruesos muros de la ilusión, no podemos captar completamente nuestro verdadero entorno.
Cuando, mediante la fe, derribamos estas murallas, podemos disfrutar libremente del aire puro y de la luz brillante de la Ley Mística que impregna el universo. Entonces, no hay diferencia entre estar en la habitación o estar afuera.
Hay algo profundo y místico sobre la función de nuestro estado de vida. La forma en que percibimos nuestra vida -nuestras impresiones del mundo circundante, tanto espacial como temporalmente- difieren según el estado de vida en que nos encontremos. Nos demos cuenta o no, ese estado determina en gran medida nuestras acciones, pensamientos, relaciones y caminos en la vida, así como nuestras emociones.
Por otro lado, el estado de vida no sólo es una propiedad del individuo, sino que las sociedades también lo poseen.
El budismo trasciende la raza, la etnia, el nivel académico o la posición social. Su mirada se orienta directamente al estado en que viven los seres humanos y en que se encuentra su corazón o ser interior. No son el poder ni la influencia lo que vuelven grande a un ser humano. La vida de muchos individuos poderosos está socavada por los estados de hambre y de animalidad. Por otro lado, hay personas anónimas y corrientes que viven en los felices estados de bodhisattva y de Budeidad.
Algo esencial en la doctrina de los diez estados es la inclinación compasiva y altruista de ayudar a las personas a cultivar su Budeidad intrínseca.
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Cuando uno está bajo la ilusión, uno es llamado un ser común, pero cuando percibe la verdad, uno es llamado un Buda. Esto es similar a un espejo empañado que brillará como una joya cuando se le pula. Una mente nublada por las ilusiones de la oscuridad fundamental de la vida es como un espejo empañado, pero cuando se le pule, es seguro que se torna en un espejo claro que refleja la naturaleza esencial de los fenómenos y el verdadero aspecto de la realidad. Despierten una fe profunda y pulan diligentemente su espejo día y noche. ¿Cómo deben pulirlo? Sólo cantando Nam myoho renge kyo".
"Sobre el Logro de la Budeidad" - Nichiren Soka Gakkai Internacional
"Sobre el Logro de la Budeidad" - Nichiren Soka Gakkai Internacional
Quien es un Buda
Para muchas personas, la palabra buda evoca un ser de otro mundo, tranquilamente apartado de los asuntos mundanos; un ser que, a través de la meditación, ha alcanzado el estado de "nirvana" y puede escapar de este mundo y sus constantes sufrimientos, los mismos que son fruto de los deseos y las falsas ilusiones humanas.
Sin embargo, esta imagen no refleja la verdad acerca de la vida de Shakyamuni, el fundador del budismo que vivió en la India alrededor de 2.500 años atrás. Él fue un hombre profundamente compasivo que rechazó los extremos tanto del ascetismo como de los apegos, quien constantemente interactuaba con los demás y deseaba compartir con toda la gente la verdad que había descubierto.
El significado literal de buda es "el iluminado". La iluminación es un estado de pleno despertar e inmensa sabiduría, por medio del cual la realidad, en toda su complejidad, puede ser comprendida y disfrutada cabalmente. Cualquier ser humano que haya despertado a la verdad fundamental acerca de la vida, puede ser llamado un buda.
No obstante, muchas escuelas de budismo han enseñado que la iluminación sólo es accesible después de un arduo proceso emprendido por períodos inimaginablemente largos; de hecho, durante muchas vidas. En drástico contraste, el Sutra del Loto, considerado como la última y más alta enseñanza de Shakyamuni, explica que la budeidad ya está presente en toda vida. Este sutra enseña la absoluta igualdad y enfatiza que aun dentro de la vida de una persona aparentemente dominada por la maldad, existe la joya sin pulir de la naturaleza de buda: nadie más nos la da o juzga si la "merecemos".
Como el oro escondido en una bolsa sucia, o la flor de loto que emerge de un estanque lodoso, nosotros tenemos que creer primero que nuestra naturaleza búdica está ahí, para luego, despertarla y revelarla o "pulirla". En el budismo de Nichiren, esto puede hacerse a través de la devoción a la ley contenida en el Sutra del Loto entonando la frase "Nam miojo rengue kio".
Pero, la budeidad no es una condición estática o un estado en el cual uno puede descansar complacientemente. Más bien, es una experiencia dinámica y una jornada de continuo desarrollo y descubrimiento.
Cuando reforzamos continuamente la budeidad en nuestras vidas, llegamos a ser cada vez menos controlados por el egoísmo (o la codicia), la ira y la estupidez: lo que el budismo llama los tres venenos. Al fusionar nuestras vidas con la vida iluminada del buda podemos abrir el potencial dentro de nosotros y transformarnos de manera sustancial.
Mientras el estado interior de budeidad se consolida, también desarrollamos una fortaleza de ánimo que nos capacita para manejar hasta las peores tormentas. Si estamos iluminados a la verdadera e inalterable naturaleza de la vida, podemos sortear con alegría las olas de las dificultades que se levantan contra nosotros en la vida y crear algo de valor en cada situación. En esta forma, florece nuestro "verdadero yo" y encontramos enormes reservas de valentía, compasión, sabiduría y energía de la fuerza vital dentro de nosotros mismos. Nos volvemos más activos y podemos llegar a sentir una profunda libertad interior. Al experimentar un creciente sentido de unidad con el universo, la soledad y la obnubilación que tanto sufrimiento causan, se desvanecen. Disminuimos el apego a las diferencias de nuestro ego inferior y egoísta, y nos hacemos conscientes de la interconexión que existe en toda forma de vida. Poco a poco nos damos cuenta de que nuestras vidas están abiertas para los demás y que deseamos su felicidad tanto como la nuestra.
A pesar de que nos es fácil creer que todos poseemos los más bajos estados de vida delineados en las enseñanzas budistas (infierno, hambre, animalidad, ira, etc.), nos resulta mucho más difícil creer que poseemos la budeidad. Pero el empeño por desarrollar y fortalecer constantemente este estado dentro de nuestras vidas, bien vale la pena.
Citando las palabras del presidente Daisaku Ikeda: "(La budeidad) es la más grande de las alegrías. El nacimiento, la vejez, la enfermedad y la muerte, ya no son un sufrimiento, sino parte de la alegría de vivir. La luz de la sabiduría ilumina al universo entero y la oscuridad innata de la vida. El espacio de vida del buda se hace uno y se funde con el universo. El yo se convierte en el cosmos, y en un solo instante del flujo de la vida, se expande hasta abarcar todo lo pasado y todo lo futuro. En cada momento del presente, la fuerza vital eterna del cosmos se derrama como una fuente gigante de energía".
Sin embargo, esta imagen no refleja la verdad acerca de la vida de Shakyamuni, el fundador del budismo que vivió en la India alrededor de 2.500 años atrás. Él fue un hombre profundamente compasivo que rechazó los extremos tanto del ascetismo como de los apegos, quien constantemente interactuaba con los demás y deseaba compartir con toda la gente la verdad que había descubierto.
El significado literal de buda es "el iluminado". La iluminación es un estado de pleno despertar e inmensa sabiduría, por medio del cual la realidad, en toda su complejidad, puede ser comprendida y disfrutada cabalmente. Cualquier ser humano que haya despertado a la verdad fundamental acerca de la vida, puede ser llamado un buda.
No obstante, muchas escuelas de budismo han enseñado que la iluminación sólo es accesible después de un arduo proceso emprendido por períodos inimaginablemente largos; de hecho, durante muchas vidas. En drástico contraste, el Sutra del Loto, considerado como la última y más alta enseñanza de Shakyamuni, explica que la budeidad ya está presente en toda vida. Este sutra enseña la absoluta igualdad y enfatiza que aun dentro de la vida de una persona aparentemente dominada por la maldad, existe la joya sin pulir de la naturaleza de buda: nadie más nos la da o juzga si la "merecemos".
Como el oro escondido en una bolsa sucia, o la flor de loto que emerge de un estanque lodoso, nosotros tenemos que creer primero que nuestra naturaleza búdica está ahí, para luego, despertarla y revelarla o "pulirla". En el budismo de Nichiren, esto puede hacerse a través de la devoción a la ley contenida en el Sutra del Loto entonando la frase "Nam miojo rengue kio".
Pero, la budeidad no es una condición estática o un estado en el cual uno puede descansar complacientemente. Más bien, es una experiencia dinámica y una jornada de continuo desarrollo y descubrimiento.
Cuando reforzamos continuamente la budeidad en nuestras vidas, llegamos a ser cada vez menos controlados por el egoísmo (o la codicia), la ira y la estupidez: lo que el budismo llama los tres venenos. Al fusionar nuestras vidas con la vida iluminada del buda podemos abrir el potencial dentro de nosotros y transformarnos de manera sustancial.
Mientras el estado interior de budeidad se consolida, también desarrollamos una fortaleza de ánimo que nos capacita para manejar hasta las peores tormentas. Si estamos iluminados a la verdadera e inalterable naturaleza de la vida, podemos sortear con alegría las olas de las dificultades que se levantan contra nosotros en la vida y crear algo de valor en cada situación. En esta forma, florece nuestro "verdadero yo" y encontramos enormes reservas de valentía, compasión, sabiduría y energía de la fuerza vital dentro de nosotros mismos. Nos volvemos más activos y podemos llegar a sentir una profunda libertad interior. Al experimentar un creciente sentido de unidad con el universo, la soledad y la obnubilación que tanto sufrimiento causan, se desvanecen. Disminuimos el apego a las diferencias de nuestro ego inferior y egoísta, y nos hacemos conscientes de la interconexión que existe en toda forma de vida. Poco a poco nos damos cuenta de que nuestras vidas están abiertas para los demás y que deseamos su felicidad tanto como la nuestra.
A pesar de que nos es fácil creer que todos poseemos los más bajos estados de vida delineados en las enseñanzas budistas (infierno, hambre, animalidad, ira, etc.), nos resulta mucho más difícil creer que poseemos la budeidad. Pero el empeño por desarrollar y fortalecer constantemente este estado dentro de nuestras vidas, bien vale la pena.
Citando las palabras del presidente Daisaku Ikeda: "(La budeidad) es la más grande de las alegrías. El nacimiento, la vejez, la enfermedad y la muerte, ya no son un sufrimiento, sino parte de la alegría de vivir. La luz de la sabiduría ilumina al universo entero y la oscuridad innata de la vida. El espacio de vida del buda se hace uno y se funde con el universo. El yo se convierte en el cosmos, y en un solo instante del flujo de la vida, se expande hasta abarcar todo lo pasado y todo lo futuro. En cada momento del presente, la fuerza vital eterna del cosmos se derrama como una fuente gigante de energía".
DAISAKU IKEDA
Daisaku Ikeda es el presidente de la Soka Gakkai Internacional (SGI), una organización mundial con más de doce millones de miembros en 190 países y territorios, y fundador de varias instituciones educativas, culturales y de investigación. Es un filósofo budista, escritor prolífico y poeta laureado, reconocido como uno de los mayores intérpretes del budismo, que ha extraído la infinita sabiduría de esta religión para ayudar a la humanidad a sobrepasar muchos de los problemas que enfrenta hoy en día.